Last login: 20 hours agoDownRemedyLane
Asenath is a 20 year old woman in a relationship from Rosario, Argentina.
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"Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn"

Que no está muerto lo que puede yacer eternamente, y con los evos extraños aun la muerte puede morir"

H.P. Lovecraft ♥

Sane ego te vocavi. Forsitan capedictum tuum desit...

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En mi vida pasó algo curioso. Supongo que algún karma, algún genio astral actuó sobre mí y me hizo feliz. Terrible, supongo. No es que sea malo ser feliz, pero después del monologo sobre la bestia, se entenderá que no es bueno ser "del todo" feliz. Se puede ser muy feliz igual, pero por algo tenemos memoria. Y si no tuviéramos memoria, allí residiría el drama; no es fácil asimilar una realidad tan fría, tan fáctica, como esta. Pero en fin, no se puede y ya. Uno se vuelve un autómata de los buenos pensamientos y recae, simplemente porque su mente corre desesperada en círculos buscando algo que analizar, algo con qué entretenerse y, automáticamente, solito vuelve el drama. Hay que remitirse, para los escépticos, a los simples temas que pasan por nuestra mente antes de dormir; sí, podemos pensar "qué felices somos", pero no durante horas, como los melancólicos, que anhelamos otras cosas, no como codicia, sino, como próxima meta, o como entretenimiento; somos personas extrañas. O como los reales codiciosos, que como ya subieron un escalón, piensan en una forma para llegar más rápido al que está diez más arriba. Horas de actividad mental que nos nutren de fuerzas que cada día nos llevan a hacer cosas con real entusiasmo. No nos conformamos con ser felices. ¿Será que soy una aburrida de la vida? Es cierto que me aburro fácilmente. Y estaba en esa parte de mi relato. Fui feliz, y me aburrí. Y forjé, a fuerza de ratos de insomnio una pequeña cárcel; usé todos esos recuerdos para revestir mi nuevo habitáculo. Y me encerré. Ciertamente, desde aquí, ver los procesos de la mente en cuanto a sentimientos negativos, es toda una experiencia. Cree en ella un estado de emergencia, y me aseguré de tener a mano la llave. Así es como puedo salir de mis recuerdos cuando lo deseo, y dejarlos allí, mirarlos desde afuera, y jugar a ser la extraña, a reírme de ellos, y divertirme a su costa. Después vuelvo, como uno vuelve siempre a la calidez del hogar, les pido disculpas, y me arropo con ellos. Muchas veces he llegado a preferir a la gente que está allí en la cárcel que a sus originales vivientes en el mundo común a todos. La gente de mi mundo, de mi cárcel, no es como yo quiera, sino como fueron alguna vez, mi mejor recuerdo de ellos.
Pero a pesar de todo esto, que suena a hacer lo que uno quiere, a estado mental de autoconveniencia, tengo que admitir que tengo miedo. Sé que si esta precaria estructura desaparece, si un lobo feroz sopla y se vuela, llegará algo que no podré manejar. En mi mundo todo lo manejo, y no me gusta el mundo por eso. No puedo hacer que la gente me quiera, me acepte, no me engañe. Además, el funcionamiento de mi mundo es poco espontáneo, no así su creación. Es como encerrar personas en un cuarto y ponerles hilos, para transformarlas en marionetas. Y lamento que esta analogía sea tan cierta. Pero no puedo negar que es un mecanismo de defensa.
¿Autoconfundirse es un mecanismo de defensa?
Parece ser que sí. Parece ser que me conformo con no reconocer cuál de las realidades es la real. El mejor escudo de la demencia.